Se bajó en el apeadero sin vías ni pasajeros, sin dependencias para picar billetes de viajes invisibles; caminaba hacia atrás, retrocediendo como su futuro. Me pidió un abrazo, que le tendiera con mis manos un puente para cruzar el andén.
-Lo siento, mujer, no te has dado cuenta que soy manco?
-Entonces bésame, le instó.
-Bien, toma mi boca.
No hay comentarios:
Publicar un comentario